Si camino por las calles ruidosas, O entrar en una iglesia llena de gente, O siéntate entre la joven generación salvaje, Doy paso a mis pensamientos. Me digo a mí mismo: los años son fugaces, Y por muchos que parezcan ser, Todos debemos pasar bajo la bóveda eterna, Y la hora de alguien ya está cerca. Cuando miro un roble solitario Pienso: el patriarca de los bosques. Sobrevivirá a mi edad olvidada Como sobrevivió al de mis abuelos. Si acaricio a un niño pequeño, Inmediatamente pienso: ¡adiós! Te cederé mi lugar, Porque debo desvanecerme mientras tu flor florece. ¿Y adónde me enviará el destino la muerte? ¿En la batalla, en mis viajes o en los mares? ¿O será el valle vecino ¿Recibir mis cenizas enfriadas? Y aunque al cuerpo sin sentido Es indiferente dondequiera que se pudra, Sin embargo, cerca de mi amado campo Todavía preferiría descansar. Y déjalo ser, al lado de la bóveda de la tumba Esa vida joven para siempre estará jugando, Y naturaleza imparcial e indiferente Brilla eternamente en belleza.