Pueblos ciegos por la esperanza Rendidos siempre a sus pies El látigo que azota los sueños La mano que ahorca a la fe Prevalece la discordia El castigo se torna más cruel Por el sendero bajan sus corderos Con sus marcas en la piel Sus mentiras caerán, bajo un cielo gris La revancha de un hombre contra su némesis Los mesías hoy se esconden En su evangelio criminal Con las manos llenas de sangre Sus corazones tocarán Ya los rezos no responden La venganza es su nombre Hoy sus esclavos no obedecen más De rodillas ante sus dioses Suplicando bendición La limosna que hoy recogen Alimentan a su pasión El credo que duerme las mentes Los templos de la devoción Se derrumban ante sus ojos Los fieles reclaman redención Estigmas de una traición Marcas que en sus almas les dejó